Aplaudo también a las personas agricultoras y ganaderas que están trabajando la tierra para producir nuestros alimentos.

Consumir alimentos ecológicos locales es bueno para nuestra salud y para la economía. Cuidar y apoyar a quienes producen y transforman nuestros alimentos debería ser también una prioridad, suspender mercados de alimentos ecológicos y de proximidad al aire libre como han hecho en algunas comunidades autónomas pone en riesgo el futuro de la agricultura familiar de proximidad.

Los productos locales ecológicos pueden actuar de manera preventiva sobre nuestra salud fortaleciendo el sistema inmunitario por alto contenido en vitaminas A, C y E como ha mencionado la Investigadora de la Universidad Politécnica de Valencia Mª Dolores Raigón en los foros de debates de SEAE (Sociedad española de Agricultura Ecológica) donde personas agricultoras, ganaderas, asesoras, técnicas, cocineras y consumidoras del ámbito de la producción ecológica y la agroecología han debatido durante esta semana sobre los retos y oportunidades del sector frente a la crisis climática, alimentaria y sanitaria.

Haríamos bien en relocalizar, en evitar la creciente «uberización» de la cadena alimentaria, alentando la pequeña producción agroganadera y pesquera, mucho más sostenible. Esto es lo que clama el mundo rural que vela por evitar el despoblamiento. La globalización insiste en homogenizar nuestras dietas haciéndolas menos recomendables y mas kilométricas. Esta crisis sanitaria podría ser una oportunidad para replantearnos que alimentos consumir y que modelos de produccion, transformacion, comercializacion y consumo apoyar.

En Málaga tenemos los mercados de Guadalhorce ecológico que lamentablemente han sido suspendidos por los Ayuntamientos implicados, aunque si podemos acercarnos a los mercados municipales, a las ecotiendas como Merkaetico el cenachero, Alieco, Aloe, la huerta de ceres, la albaceria ecologica o a las fruterías de barrio que venden productos del territorio y estaremos apoyando la economía local apostando por reducir contaminación, gasto energético y los riesgos de contagio que genera el transporte de alimentos de largas distancias, al tiempo que creamos empleo y desarrollo local que nos permita encarar esta crisis con mejores perspectivas.